¿En qué consiste el acto de narrar?

John Berger

¿Por qué relatamos historias? ¿Para pasar el rato? A veces. ¿Para informar? ¿Para decir algo que no ha sido dicho todavía? Sí, a veces, sólo para ganarnos el pan de cada día o para hacer que la gente entienda lo afortunada que es, dado que hoy la mayor parte de los relatos son trágicos. A veces parece que el relato tenga una voluntad propia, la voluntad de ser repetido, de encontrar un oído, un compañero. Como los camellos cruzan el desierto, así los relatos cruzan la soledad de la vida, ofreciendo hospitalidad al oyente, o buscándola. Lo contrario de un relato no es el silencio o la meditación, sino el olvido. Siempre, siempre, desde el principio, la vida ha jugado con el absurdo. Y dado que el absurdo es el dueño de la baraja y del casino, la vida no puede hacer otra cosa que perder. Y, sin embargo, el hombre lleva a cabo acciones, a menudo valientes. Entre las valientes, y no obstante, eficaces, está el acto de narrar. Estos actos desafían el absurdo y lo absurdo. ¿En qué consiste el acto de narrar? Me parece que es una permanente acción en la retaguardia contra la permanente victoria de la vulgaridad y la estupidez. Los relatos son una declaración permanente de quien vive en un mundo sordo. Y esto no cambia. Siempre ha sido así. Pero hay otra cosa que no cambia, y es el hecho de que, de vez en cuando ocurren milagros. Y nosotros conocemos los milagros gracias a los relatos.

 

Escritor, pintor, crítico, guionista, dramaturgo, comprometido y coherente. Tantas cosas por contar de una persona como Jonh Berger. Tantas realidades, tantos mundos a las espaldas de este “campesino de las palabras”. Tanto historias como esperanza, y como el mismo explica: “La esperanza no era la convicción de que las cosas ocurrirían como uno las pensaba, sino de que algo tendría sentido, independientemente de lo que ocurriera.”

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El arlequín no católico

Aquel escenario, por llamarlo de alguna manera, no era más que dos tablones (vete a saber tú de donde salieron) apoyados sobre dos cajas de la omnipresente Coca-Cola. Como set de iluminación un cordel que tiraba de una de las bombillas que colgaban del techo a modo de lámpara acercándola al seudoescenario seudopatrocinado, proyectando una luz amarilla tintineante que lejos de ensalzar la figura sobre las tablas dotaba su semblante de un simbolismo cercano a la enfermedad tropical.

Horas antes era inconcebible imaginar que esta sala de taberna a las afueras pudiera albergar al silencio, pero ahora, sin más explicaciones, allá estaba. Fue en ese momento exacto en el que la figura sobre el improvisado escenario dibujó una alegre mueca en su cara. La figura, con excaso  presupuesto para renovar vestuario y maquillaje, en crisis, para estar acorde con los tiempos que corren, vestía de pies a cabeza un traje de franela blanco y negro, un gorro del mismo estilo que acababa en una punta donde no hacía mucho tiempo colgaba un cascabel y del que ahora sólo quedaba una bolita de hojalata desgastada, más triste que graciosa. Su mueca sonriente destacaba su cara sobre el sobrio conjunto y mostraba un absurdo maquillaje que no iba más allá de unos labios pintados de negro, una estrella negra sobre su ojo derecho, un triángulo cruzando el izquierdo y un atrezzo coronando su nariz, por supuesto, de color negro. El comediante se dispuso a comenzar.

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Camping Casas Viejas

En la provincia argentina de Córdoba, a 9 kilómetros del pueblito de Nono se encuentra el camping Casas Viejas. Un proyecto personal que iniciaron en la región de Traslasierra dos “loquitos” hermosos como son Manuel y Luciana. En el rincón más apartado de la carretera nacional, a un paso de la Sierra Madre y de la Sierra de los Comechingones se encuentra este refugio natural donde turismo, trekking, descanso, acampada, descenso de río, montañismo y todas las cosas que uno imagina cuando se va de “camping” tienen un valor añadido. El valor de la sencillez y de lo natural.

Para Manuel y Luciana no sólo es un proyecto de vida también es su misión salvaguardar una parte de este paraíso cordobés que en los últimos años ha sufrido la brutal avalancha del desarrollo. Con el aumento del flujo turístico a la zona, un gran número de inversores vieron la posibilidad de ganar dinero y en varios años la región se llenó de importantes complejos turísticos que funcionan únicamente en los meses de verano austral. Cabañas climatizadas, piscinas, desayunos con champagne, yakuzzi son algunas de las ofertas con los que la gran cantidad de hoteles y resorts intentan atraer a las masas urbanas. A su paso la fauna y flora de uno de los lugares más hermosos del planeta se resienten, sufren y en algunos casos desaparecen. Este sufrimiento quizás fue el que empujó a estos dos jóvenes emprendedores a mostrar su indignación, demostrando en su andar que es posible conjugar ocio con respeto a la naturaleza, y que es más divertido descender por las pozas de el río Paso de las Tropas que pasar tus vacaciones tumbado en la piscina tomando “Margaritas”.

Bravo por estas iniciativas, y claro está, si tienen la oportunidad, no duden en disfrutarlas

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7 años sosteniendo la mirada

(( Luchas de Abajo ))

Siete años después, 12 mujeres de las 27 que fueron objeto de tortura sexual durante la represión en el municipio mexicano de San Salvador de Atenco mantienen su denuncia internacional ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra el estado mexicano. Mirada sostenida es un proyecto fotográfico que a través de sus protagonistas plantea un acercamiento a la resignificación individual y colectiva de la memoria propia. Para la responsable de este proyecto, Liliana Zaragoza Cano: “Resistir es sostener la mirada. Sostener la mirada es abrazar la memoria, tocar sin miedo y reescribir sobre las cicatrices capas de piel adentro. Rehabitar las pieles que somos. Intervenir la propia existencia para resignificar las miradas que nos habitan”.

Cada una de las mujeres eligió un lugar que durante el proceso de estos siete años le ha sido significativo y que volver a él simbolizara una reconciliación con su propia historia.

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