Legalización: el objetivo de 2013

(( NarcoAmérica ))

publicado en Yerba

El 2012 se nos fue sin apocalipsis pero con una nueva conquista social en suelo norteamericano. La legalización del cannabis en Washington y Colorado se convirtió en el epicentro de un tsunami institucional que durante los últimos años se había estado fraguando. Un golpe en el corazón del principal impulsor de la guerra contra las drogas, una rebelión de los ciudadanos estadounidenses a sus instituciones y agencias internacionales encargadas de demonizar la marihuana y otras drogas blandas durante más de 40 años. Una decisión que pone de manifiesto las continuas contradicciones del actual “gendarme internacional”, de la primera potencia mundial. Si al principal encargado de la criminalización de las drogas se le rebelan sus propios Estados, es lógico que a nivel mundial sean muchos los que abracen, desde el punto de vista institucional, las nuevas tesis para enfrentar el narcotráfico y las adicciones: la legalización.

 

Ni el candidato republicano, Mitt Romney; ni el demócrata, Barack Obama, ganaron en las elecciones en el Estado de Colorado. Lo hizo la marihuana. En la consulta para su legalización, paralela a la elección del nuevo presidente, fue la propuesta más votada. El 55 por ciento de los electores aceptaron la legalización, un mayor consenso que a la hora de elegir presidente: 51 por ciento para Obama, 47 por ciento en favor de Romney. Con esta victoria Colorado, junto al estado de “Evergreen” (Washington) se convirtieron en los primeros del país donde el consumo lúdico, la posesión y el cultivo es legal para los mayores de 21 años. Algo que no deja de ser paradigmático ya que las leyes federales del país, que afectan a todos los estados por igual afirman que la marihuana, tanto en posesión, como en consumo, es ilegal en los EE.UU.

 

La aceptación ciudadana

Desde que la fallida iniciativa californiana para despenalizar el cannabis tuviera lugar en 2010, el gobierno federal, encabezado por el carismático presidente Barack Obama, comenzó una embestida contra los dispensarios de cannabis que operaban en California en virtud de una ley estatal aprobada en 1996. Con la contradicción aún más evidente con las nuevas legislaciones en Washington y Colorado la respuesta del gobierno federal es aun más determinante. Para Ethan Nadelmann, director de Drug Policy Alliance, organización no gubernamental en favor de la despenalización de las drogas, la respuesta del gobierno federal aún tardará en llegar: “La parte más dramática de las iniciativas que autoriza a los gobiernos estatales a establecer un sistema regulatorio similar al alcohol no entrará en vigor hasta julio en Colorado y hasta diciembre del próxima año en Washington”. Para el propio Nadelmann esto le da margen todavía al gobierno federal para pensar su estrategia sin oponerse rotundamente a esta modificación que contradice tajantemente las leyes de los EE.UU. En la misma línea que el director de Drug Policy Alliance, Paul Armentano, vicepresidente de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes de la Marihuana (NORML), afirma que todavía es pronto para saber la respuesta del gobierno de Obama: “El gobierno federal todavía puede perseguir y arrestar a quienes poseen y consumen marihuana, pero es poco probable que lo haga. Ahora no lo hacen porque no tienen los recursos económicos, ni humanos, tampoco la voluntad política y con seguridad no tienen la demanda del público”. Para Armentano la base es la aceptación por parte de la ciudadanía: “Creo que si se les permite a Washington y a Colorado implementar la ley de manera responsable y si el gobierno federal no la bloquea, el apoyo público va a seguir creciendo”. La tendencia en los últimos años es clara en favor de la marihuana y Ethan Nadelmann expone los datos: “En 2006, el 36 por ciento dijo que sí, la cifra más alta de la historia, y el 60 por ciento que no. El año pasado el 50 por ciento estaba a favor y el 46 por ciento en contra. Es una transformación considerable.”

 

Yes, we can

Ante este panorama el primer presidente afroamericano, premio Nobel de la Paz y gran estadista no ha querido mantenerse ajeno al debate antes de empezar el nuevo año: “No tendría sentido que consideráramos prioritario perseguir a los usuarios de marihuana para fines recreativos de aquellos Estados que han decidido que su posesión es legal”. De esta manera Obama calma a sus seguidores progresistas pero en ningún momento afirma que no obstaculizará esta resolución. De hecho la única comunicación que han recibido los legisladores estatales del ejecutivo federal desde la aprobación de la medida han sido varios comunicados del Departamento de Justicia advirtiendo que la legislación federal es contraria a la posesión, la venta y la producción de la marihuana. Obama aclara que “de momento” no es partidario de una legalización total del cannabis en los EE.UU: “Necesitaremos tener un debate sobre como armonizar una ley central que dice que la marihuana es un delito federal y otra estatal que la considera legal”. Un mensaje conciliador en el que las organizaciones pro marihuana no confían; Armentano, vicepresidente de NORML, puntualiza: “El gobierno federal todavía no puede perseguir y arrestar a quienes poseen marihuana, pero es poco probable que lo haga. Ahora no lo hacen porque no tienen recursos económicos, ni humanos, tampoco la voluntad política y con seguridad no tienen la demanda del público”. Quizás lo que necesite el gobierno de EE.UU., uno de los principales beneficiarios de la guerra contra las drogas en el mundo, sea tiempo para poder reconducir esta situación.

 

Menor demanda ilegal, menor beneficio

Hay muchas voces que apuntan a que la legalización no es sólo un avance en favor de los derechos individuales fundamentales también restaría poder a las grandes mafias del narcotráfico que se extienden por medio mundo. En el caso de los países latinoamericanos y más en concreto, México, esto representa un punto fundamental. Uno de los intelectuales mexicanos más destacados, Carlos Fuentes, forma parte de la Comisión Global sobre Drogas, a la que también pertenece personalidades del mundo como Kofi Annan, Mario Vargas Llosa o el expresidente mexicano Ernesto Zedillo. Esta comisión que aboga por un cambio en la política de confrontación a las drogas insiste en el punto de que la legalización restaría poder a los grupos de delincuencia organizada. La producción controlada en estos Estados norteamericanos permitiría en primer lugar abaratar el precio de la marihuana y quitarle el suculento beneficio a los cárteles que controlan su distribución y venta en la actualidad. Así como reducir el posterior comercio con armas para la expansión de las mafias derivado de estos beneficios multimillonarios y que a día de hoy la cifra de muertos, en los últimos años y sólo en México, va camino de los 65 mil. Sin contar aquellos no registrados debido a los últimos meses de censura estatal con respecto a las cifras de decesos vinculados a esta guerra en el país mexicano.

 

La nueva (vieja) política mexicana

Apuntarse un tanto mediático. Eso fue lo que hizo unos meses atrás el diputado Fernando Belaunzarán, cuando presentó al Congreso mexicano una iniciativa para legalizar el consumo recreativo de marihuana en México. Un acto simbólico para aprovechar la ola mediática creada en Washington y Colorado. Algo en lo que coinciden representantes de diferentes organizaciones pro cannabis mexicanas; Jorge Hernández Tinajero, del Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (Cuphid) afirma: “Nos parece bien que en México se debata este tema a nivel federal, pero esta iniciativa está hecha muy al vapor”. “Nosotros hablamos con el legislador que presentó la iniciativa y es consciente de las imperfecciones que tiene. Pero se quería aprovechar este momento internacional”. Salvo este acto simbólico la política mexicana no sólo ha permanecido al margen de los debates pro legalización, en la actualidad son el referente de la guerra contra el narco. Más de 60 mil muertos, el ejército en las calles y una guerra que enfrenta a todos los sectores de la sociedad es la herencia que deja Felipe Calderón, presidente saliente del país, al recién elegido (en medio de denuncias por fraude electoral) Enrique Peña Nieto. El nuevo presidente el pasado mes de diciembre en visita oficial a Washington DC declaró: “Personalmente, no estoy a favor de la legalización de las drogas y no lo estoy porque no se trata sólo de legalizar la marihuana, me parece que esa es la puerta a que eventualmente sectores de la población puedan llegar a consumos mucho más dañinos”. Peña Nieto pretende continuar con la estrategia de confrontación, y devolviendo el poder al todopoderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó en México durante 70 años en lo que se denominó como “La Dictadura Perfecta”, esa confrontación promete extenderse a todos aquellos que osen oponerse a su nueva (vieja) política.

 

De la contradicción…

La política de confrontación muestra en México todo su potencial. Las cifras de desaparecidos, mutilados, asesinados y secuestrados se entremezclan en las principales cabeceras mediáticas del país con las más esperpénticas noticias relacionadas con el mundo del narcotráfico. Si el año pasado los medios nos sorprendían con noticias como la que apuntaba a que la Agencia estadounidense para el control de Tabaco y Armas, con la excusa de intentar detener a los cárteles, había pasado más de 2 mil quinientas armas de alto calibre a éstos con intención de localizarlos y detenerlos; sin ningún resultado. Otra que a través de filtraciones afirmaba que la DEA (Agencia Internacional Antidroga) llevaba 30 años lavando el dinero del narcotráfico para comprender su modo de trabajo y poder rastrearlos con mayor facilidad, después de 30 años aún no habían conseguido su objetivo. Este año que dejamos también nos ha regalado verdaderas escenas rocambolescas en Youtube, donde hasta hace unos meses era fácil encontrar vídeos subidos por particulares donde se apreciaban los combates que en plena calle policías mexicanos de distintos agencias o demarcaciones tenían entre sí. Algo que, al igual que la guerra contra el narcotráfico pretende seguir en este nuevo año.

 

… al esperpento.

Este año comenzamos con nuevas noticias. Meses atrás una caravana de la multinacional del ocio y la televisión en América Latina: Televisa, fue detenida en Nicaragua. Descubrieron que desde hacía meses en similares viajes de México a Nicaragua habían servido de transporte a cargamentos de droga hacia México y del dinero procedente de su venta hacia Nicaragua. Televisa no tardó en afirmar que era parte de un montaje, a pesar de que el convoy era dirigido por la hermana de una de sus principales estrellas mediáticas. Hace unas semanas fueron declarados culpables y reafirmados sus vínculos con el gigante mediático, que afirman, aprovechaba los logos de Televisa en las camionetas y el imponente trasiego de medios técnicos para evitar los registros. Pero el surrealismo mexicano no acaba aquí: una de las bazas principales que el ex presidente Felipe Calderón esgrimía para justificar la guerra, era la detención o asesinato selectivo de los líderes de los grandes cárteles. Su despedida de la presidencia quería que fuera por todo lo alto, así que días antes de las elecciones generales anunció el asesinato por parte de la policía federal de Heriberto Lazcano, el Lazca, jefe de los Zetas, el más sanguinario de los cárteles, compuesto por desertores de las fuerzas especiales mexicanas entrenadas en los EE.UU. El anuncio fue sorprendente, pero más sorprendente fue que antes de que los forenses acreditaran su identidad el cuerpo fue “robado” de la morgue por un contingente armado. Como colofón para este abanico de noticias, el último descubrimiento de la policía fronteriza estadounidense. Los narcos parecía que ya habían usado todo: avionetas, túneles, tanques, submarinos, lanchas, helicópteros… pero la creatividad de los cárteles no tiene fin. Recientemente encontraron a 150 metros de la frontera en el lado gringo 33 latas. Cada una de ellas con 1,1 kilos de marihuana en su interior. Habían sido disparadas con un cañón neumático desde el lado mexicano para que fueran recogidas del otro lado. Mientras cada día aparece una nueva noticia esperpéntica en los medios, uno de los últimos líderes del cártel detenidos en los EE.UU. afirma que el gobierno saliente, y en especial el secretario de gobernación (Ministro de Interior mexicano) García Luna, estaban en nómina del narco desde 2002, planteando así que toda la guerra es una estrategia encubierta para quitar a cárteles molestos y dejar a los elegidos (Cártel de Sinaloa y Zetas) con todo el negocio.

 

La dolorosa coherencia uruguaya

Que la confrontación es un juego de intereses en el que participan principalmente aquellos que dicen estar en contra parece estar cada día más claro. Que la legalización es una vía posible y recomendable para que las sociedades democráticas puedan enfrentar al problema, también. Pero ésta tiene sus dificultades: A finales del mes de diciembre el presidente de la República Oriental del Uruguay, José Mújica anunció la paralización de la iniciativa de legalizar la compraventa de marihuana. En ese momento dicha iniciativa estaba bajo estudio en el Parlamento uruguayo. A pesar que su grupo político, el Frente Amplio, tiene mayoría tanto en el Parlamento como en el Senado, Mújica ha preferido paralizar la propuesta con intención de que la sociedad uruguaya, ahora mismo dividida ante la propuesta de ley, pueda conformarse una idea más clara sobre la legalización o no de las drogas. Mújica también puntualiza que esta iniciativa “no fue retirada y sigue arriba de la mesa, frenar no quiere decir retirar”. Ante la polémica nacional generada a partir del anuncio de la propuesta de legalización el presidente ha explicado que la idea de frenar de momento la votación en la cámara baja tiene como objetivo que la sociedad uruguaya se siga informando. Su intención es que la mayoría de la población pueda participar de esta consulta con una posición fundamentada. El propio Mújica afirma que quiere que “el pueblo razone”. “Nosotros no podemos hacer cosas que otros países más grandes no pueden hacer. Hay que parar la vía represiva para controlar las drogas, porque es un fracaso”. “La mayoría se tiene que dar en la calle”, la gente “tiene que entender que a los tiros y metiendo gente en la cárcel lo único que hacemos es regalarle un mercado al narcotráfico”. Para Mújica está claro, se gana convenciendo, no imponiendo. Y el giro en la política de drogas no tiene que venir de la imposición de los gobiernos, así como vino la violencia, tiene que venir de la exigencia mayoritaria del pueblo.

 

 

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