Otra política de drogas

(( Narcoamérica ))

Pronto se cumplirán 50 años desde que se inició en EEUU la “Guerra contra las Drogas”. Una política que el “gendarme internacional” extendió al resto de países del mundo y que hasta la fecha no ha conseguido los objetivos esperados. Desde hace algunas décadas son muchos los países que han ido abandonando la doctrina de la criminalización y han implementado en sus territorios alternativas más flexibles en cuanto al consumo y el auto cultivo. Una gran experiencia acumulada que permite plantear a diferentes expertos de todo el mundo que la tesis estadounidense estaba y está totalmente equivocada y que a través de políticas permisivas, flexibles y reguladoras es posible alcanzar un equilibrio sostenible entre drogas, leyes y derechos humanos.

 

Drogas, leyes y derechos humanos también es el slogan de Release (liberación en su traducción del inglés), una organización que apuesta por el cambio en el marco regulador frente a las drogas en el Reino Unido. Como pistoletazo de salida de su última campaña: Es hora de leyes mejores, enviaron un informe al Primer Ministro Británico, David Cameron, avalado por un buen número de personalidades del mundo de la cultura y los negocios entre los que se encontraban artistas de la talla de Sting o empresarios como Sir Richard Branson, propietario de la marca Virgin. El informe recogía la experiencia detallada de 21 países de todo el globo que habían incluido en su legislación una política sobre drogas diferente a la impulsada en los últimos 50 años desde Washington. Argentina, Armenia, Australia, Bélgica, Brasil, Chile, Colombia, República Checa, Estonia, Alemania, Italia, México, Holanda, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Rusia, España y Uruguay son los países que, en mayor o menor grado y con realidades sociales muy diferentes entre ellos, han modificado su legislación en contra de la criminalización de las drogas y sus usuarios. En este artículo rescataremos algunas de las experiencias más destacadas a la vez que invitamos a las personas con más interés a que accedan al documento original en inglés a través de la página oficial de Release (release.org.uk).

 

Holanda, la pionera

En 1976 Holanda pasó a convertirse en la primera nación del mundo que creó una división legal entre drogas blandas y drogas duras. Y plantó las bases que luego permitieron la proliferación de los famosos “coffee shops”, donde se permite la venta legal de pequeñas cantidades de cannabis. Desde entonces son muchos los estudios que se han elaborado sobre el efecto en el consumo que se ha derivado de esta apertura legal. Si bien en los primeros años el índice de consumo no sufrió modificaciones, en los años comprendidos entre 1984 y 1996 sí se vivió un importante crecimiento en el consumo. Algo que fue rápidamente achacado a la nueva legislación por los críticos de la despenalización pero que no está ligado directamente a la regularización del cannabis sino, como señalan los expertos, a la expansión comercial en esa época de los “coffee shops” y la promoción del uso del cannabis que promovieron. Como dato revelador los expertos señalan el índice de consumo con respecto a las drogas duras. Entre los años 1979 y 1994 Holanda mostró una menor proporción en el número de adictos a drogas duras con respecto al resto de países del oeste de Europa y EEUU, incluso en esos mismo años el índice de consumidores de drogas duras en Holanda pasó de un 15 por ciento a un 2.5 por ciento. Una importante disminución en el consumo que desmiente la presunción de que una regularización de las drogas blandas como la marihuana provoca un aumento en el consumo de drogas en general, uno de los principales argumentos de los críticos.

 

México, el cambio es necesario

Desde la llegada al poder del saliente presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, el problema de las drogas en el país azteca entró en una nueva fase. Tras ganar las elecciones de manera fraudulenta, el llamado presidente “espurio” inició lo que pasaría a llamarse la Guerra contra las Drogas. Una guerra que hasta la fecha suma cerca de 60 mil víctimas mortales. Tras seis años de asesinatos, enfrentamientos entre cárteles, policías y militares, secuestros, corrupción de altos cargos gubernamentales, fosas comunes y atrocidades diarias el gobierno mexicano optó por aplicar, junto a su táctica de confrontación, una pequeña regulación de la posesión de pequeñas cantidades de droga. Individuos sorprendidos con menos de 5 gramos de cannabis, 0.5 gramos de cocaína, 50 miligramos de heroína o una pastilla de éxtasis no tendrían cargos penales y únicamente recibirían una citación para recibir tratamiento de desintoxicación, si el individuo rechazara el tratamiento o superara el límite de la cantidad afrontaría cargos penales. Para los expertos esta modificación es ridícula y parte del interés del propio Calderón de hacer un guiño a las organizaciones de derechos humanos para poder seguir desarrollando su estrategia de sangre y fuego que tantos réditos económicos le está dando a algunos cárteles mexicanos. Una estrategia que el nuevo presidente, también ganador gracias al fraude, el priísta Enrique Peña Nieto parece ser que va a continuar, no sólo por no haber comunicado lo contrario, sino por su amplio historial represivo y corrupto.

 

Australia, desmontando mitos

Uno de los grandes argumentos de los opositores a la regulación de las drogas es el mencionado aumento que provocaría en el consumo de todas las drogas la legalización de algunas. Un llamado al pánico de la opinión pública que no se basa en ninguna observación demostrable. El caso de Australia es un ejemplo palpable de lo contrario. En algunas regiones del país se han llevado a cabo políticas de despenalización del cannabis desde hace más de 25 años, y en algunos estados esta despenalización no sólo incluye posesión y consumo, también cultivo e intercambio. Con todo Australia no se ha convertido, como muchos críticos de la regularización afirman, en un país arrasado por las drogas y la corrupción y el deterioro social sino que ha mantenido el índice de consumo de drogas estable y un desarrollo económico y social envidiable. En 2005 The Economist le otorgó el sexto puesto en el índice de calidad de vida de todos los países del globo y en 2009 se encontraba en el segundo lugar en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, justo después que Noruega. Para algunos expertos la no criminalización de los consumidores de drogas, también les libera de las consecuencias negativas de la etiqueta de criminal que se traducen en falta de autoestima, dificultad a la hora de encontrar empleo y rechazo y estigmatización por parte de la sociedad, algo que permite a la mayoría de los individuos consumidores de droga desarrollarse de forma provechosa en la sociedad australiana.

 

Portugal, la salud es lo primero

Nuestro humilde vecino dio uno de los pasos más valientes (para unos, peligroso para otros) despenalizando el uso y la posesión de drogas en todo el país en 2001. Aunque no fue el primer país que tomó esta decisión si fue el primero que tomó la decisión de despenalizar como una forma de afrontar el problema de las drogas a nivel nacional. Diez años después los pesimistas no han visto cumplido sus terribles augurios por abandonar la estrategia mundial de guerra contra las drogas y los más optimistas han visto como sus inmediatas predicciones tampoco se han conseguido pero han asistido a otras no previstas. La despenalización de las drogas permitió al estado concentrar los recursos en el área de la protección y tratamiento de los adictos a las drogas y ha convertido al país luso en un referente mundial en el campo de la sanidad pública enfocada en las adicciones. Desde la despenalización el número de personas en tratamiento se ha incrementado exponencialmente, se ha visto una reducción drástica de la transmisión de enfermedades como el VIH y la tuberculosis ligadas al consumo de determinadas drogas, el número de nuevos usuarios de drogas con VIH ha pasado de 907 en el año 2000 a 267 ocho años después, al igual que se reducido de 506 personas a 108 los nuevos casos de SIDA en el mismo período. Aunque en el caso de Portugal el SIDA sigue mostrando unos índices elevados con respecto al resto del mundo la despenalización y el desarrollo de los servicios de reducción de daños vinculados a las drogas han demostrado ser una excelente herramienta para reducir el número de casos.

 

República Checa, analizar antes de actuar

La temeridad portuguesa, aunque acertada, no es una política fácilmente exportable al resto de países del globo. Sobre todo porque los grupos de presión a favor de la guerra contra las drogas impiden que la sociedad civil y la opinión pública apoyen estas medidas drásticas. Por ello hay países, como es el caso de la República Checa, que en 2000 inició un análisis de los pros y contras con el fin de implantar una política de despenalización de las drogas en su territorio. Después de dos años la investigación concluyó con tres conclusiones principales: la penalización de las drogas no afecta la viabilidad y el desarrollo de las drogas ilegales, en los últimos años de criminalización el nivel del consumo de drogas había aumentado en el país y los costes sociales por el incremento del consumo de drogas ilícitas habían aumentado drásticamente. Ocho años después de sacar a la luz estas conclusiones la República Checa optó por priorizar la salud pública y despenalizó el uso de las drogas ilegales. No totalmente, aquellas personas que fueran sorprendidas con más de 15 gramos de marihuana, 1 gramo de cocaína, 1.5 gramos de heroína, 4 pastillas de éxtasis o 40 trozos de setas alucinógenas serían denunciadas por falta administrativa, eso sí, ya no por la vía penal. Si bien todavía es muy pronto para analizar las consecuencias de este cambio en la política con respecto a las drogas, para el gobierno estaba claro que la situación con la anterior estrategia lejos de mejorar empeoraba, lo cual exigía un cambio de paradigma.

 

Las recomendaciones de Release

La responsable de este informe, la organización Release, culmina destacando las variables que como conclusión recomienda tener muy en cuenta si el Reino Unido contempla la idea de la despenalización. Éstas variables serían: las cantidades mínimas permitidas de droga deben ser lo suficiente altas como para que tenga un efecto práctico, no como en el caso mexicano en el que son ridículamente bajas y las penas por superar el límite conllevan prisión. Las penas administrativas deben tener un fin social como servicios a la comunidad, terapias de reinserción, pérdida de beneficios públicos, etc. Roles específicos para jueces y policía con respecto a las drogas, en algunos países no es necesario el juicio y las faltas pueden ser interpuestas por la propia policía, así como ocurre con las infracciones de tráfico. Un especial acento en los temas de reducción de riesgos al consumidor, en el caso de Portugal los detenidos por delitos de drogas cuentan en primera instancia con atención médica y sicológica además de la asesoría de un trabajador social. No olvidar en ningún momento las particulares de la situación de cada país así como el entorno socioeconómico, cultural y religioso de la sociedad en cuestión, hay medidas incompatibles con algunos países que serían muy útiles en otros; la despenalización es una decisión política que debe ir acompañada de un compromiso social por parte de todos los actores en cuestión, principalmente de las instituciones y de la sociedad civil, y en menor grado los usuarios de las drogas que pasarían a ser beneficiarios, especialmente los consumidores de drogas duras, desde el punto de vista de prevención de riesgos.

 

Un futuro sin criminalización

Para los promotores del informe es una realidad irrefutable la proliferación de políticas de despenalización alrededor del mundo que han demostrado que la regularización del uso y el consumo, principalmente, es viable y una opción efectiva para enfrentar el problema de las drogas. Si bien es importante seguir con la investigación y el seguimiento de dichas políticas y sus resultados, las experiencias llevadas hasta el momento nos permiten afirmar que en la actualidad hay opciones válidas para distintas realidades y sociedades que nos permitan afrontar el problema de las drogas de una forma mucho más efectiva. Culpar al hampa, los grandes cárteles y a factores sociales y económicos ya no es excusa suficiente, los gobiernos y las sociedades en su conjunto deben entender que si bien estos agentes abonan el problema no son causa determinante del mismo, y son las políticas que lo confrontan las que determinan el cambio sustancial. 50 años de guerra contra las drogas han traído sufrimiento, guerras, destrucción de vidas y países pero ningún objetivo ni victoria trascendental; 40 años de experiencia en políticas que despenalizan las drogas en países de todo el mundo han traído un equilibrio social que no debe seguir pasando inadvertido, estos países tienen mucho que decir y es el momento para que el resto de países del mundo empecemos a escucharlos.

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