Se abre el debate sobre drogas

(( Retportajes ))

publicado por Yerba. Mayo / 2012

La VI Cumbre de las Américas acepta cuestionar la política sobre las drogas en el continente.

La Cumbre de las Américas es la reunión de jefes de estado y de gobiernos de Norteamérica, América Central, el Caribe y Sudamérica. En esta reunión auspiciada por la Organización de los Estados Americanos, más conocida como la OEA, participan las 34 repúblicas independientes del continente a excepción de Cuba. El pasado abril se celebró la VI Cumbre desde que tuviera lugar la primera en 1994. El lugar elegido, la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Los temas a tratar: la integración física de las Américas, el acceso y utilización de tecnologías, los desastres naturales, la seguridad y la reducción de la pobreza y la desigualdad. Bajo el lema “Conectando las Américas: Socios para la prosperidad” se escondía otro punto, el más controvertido de esta reunión. Un punto fuera de la agenda oficial pero no por eso de menor importancia para muchos de los asistentes: el replantamiento de la política de guerra contra las drogas en el continente y el debate de la posible legalización.

La propuesta promovida por el recién electo presidente de Guatemala, el ex general Otto Pérez Molina, fue rápidamente secundada por otros mandatarios continentales. Un nuevo revés para la delegación estadounidense que acudía a la cita con otro punto espinoso agazapado entre los puntos principales, el reconocimiento de Cuba como país de pleno derecho dentro de la Organización de los Estados Americanos y la posibilidad de que pueda asistir a la que sería la VII Cumbre de las Américas. Con todo esto sobre la mesa el gobierno de los EEUU y analistas de distintos medios vieron la Cumbre como otro ejemplo de la pérdida de influencia de Washington en el continente. Las Cumbres planteadas por la Casa Blanca en 1994 como una herramienta para impulsar los tratados de libre comercio en el continente americano hoy se muestran como un obstáculo patente para las políticas expansionistas de la potencia mundial. Un foro donde en los últimos años las naciones emergentes cuestionan las decisiones de los EEUU y se plantean nuevas propuestas no tan beneficiosas para el gobierno estadounidense.

La propuesta guatemalteca

“Más de 30 años hemos estado siguiendo una estrategia que lo que nos ha traído es un camino de muerte, de corrupción y debilitamiento de nuestras instituciones”. “Mientras sigamos enfrentando el narcotráfico con la estrategia que hemos traído, van a continuar esas muertes”. El nuevo presidente guatemalteco, militar de formación, justificó de esta manera su intención de promover el cambio de estrategia en la guerra contra las drogas. Guatemala es un país que en los últimos años ha recibido duros embates de las organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico. La guerra desatada en su vecino del norte, México, ser un país con una situación geoestratégica muy favorable y al mismo tiempo la propensión de sus instituciones a la corrupción han convertido al estado centroamericano en un refugio idóneo para algunas organizaciones criminales ligadas al tráfico de drogas. Una situación compleja que ha empujado al ex militar y mandatario guatemalteco a abanderar esta propuesta de reflexión ante el tema de las drogas y como el propio Pérez Molina comentaba meses antes de la reunión: “Lo estamos poniendo encima de la mesa y queremos un debate serio al respecto”. “Hay consenso para discutir y debatir, no necesariamente sobre la despenalización, pero sí para debatir y encontrar otros caminos”. Siempre es curioso escuchar a un ex general buscando otros caminos diferentes a la guerra, aunque algunos analistas desconfíen de esta singular propuesta.

Una propuesta con no pocos aliados

Tras el anuncio de Pérez Molina no tardaron en saltar las primeras voces. Mauricio Funes, presidente de El Salvador, fue uno de los primeros en respaldar la propuesta de su homólogo guatemalteco promoviendo una primera reunión, previa a la Cumbre, entre los representantes centroamericanos. Una reunión que fue finalmente suspendida debido a la presión de EEUU y su oposición a la misma. Algo que no impidió que Laura Chinchilla, presidenta de Costa Rica se uniera al grupo de los revisionistas declarando que era necesario un debate sobre la política de drogas siempre que fuera “serio y riguroso”. El propio presidente anfitrión de la Cumbre, el colombiano Juan Manuel Santos declaró que él sería el primer partidario de la legalización de la marihuana y la cocaína si eso permitiera “erradicar la violencia del narco”. Unas declaraciones que se contraponen radicalmente a los dictámenes de Washington y de la política de prohibición y criminalización de EEUU, impuesta durante más de 40 años en todos los países latinoamericanos.

Otra oportunidad para la Comisión Global sobre Drogas

“¿Vamos a seguir poniendo nosotros tantos muertos porque ellos no sean capaces de discutir el problema?”. Así de contundente se expresaba Fernando Henrique Cardozo ex presidente de Brasil y principal impulsor de la Comisión Global sobre Drogas frente a la negativa a priori de debatir en la Cumbre sobre el narcotráfico. Como él, Vicente Fox, ex mandatario de México, y compañero de Cardozo en el impulso de nuevas estrategias frente a las drogas en Latinoamérica, envió una carta a los líderes que asistieron a la Cumbre donde exigía el fin de la guerra contra el narcotráfico. “Es un imperativo acabar con la guerra y alcanzar la paz” continua en su misiva en la que insiste que mientras la guerra se da en los países latinoamericanos su principal impulsor EEUU no pone freno al consumo mientras exporta las armas que luego servirán a las mafias. Fox, mientras en su país es acusado de impulsar los escuadrones de la muerte responsables de masacres todavía impunes como la de Acteal, habla en su carta de una “seguridad democrática” que garantice a los ciudadanos “el pleno respeto a los derechos humanos y debido proceso jurídico”. En una reunión previa a la Cumbre los dos ex mandatarios junto con su homólogo colombiano, Cesar Gaviria, presentaron un nuevo documento donde insistían que “40 años de inmensos esfuerzos no lograron reducir ni la producción ni el consumo de drogas ilícitas. En México y en Centroamérica, la violencia y la corrupción asociadas al tráfico de drogas representan una amenaza a la seguridad ciudadana y a la estabilidad democrática”. Recogiendo la palabra de estos documentos y otras voces sobre el tema el actual presidente colombiano y anfitrión de la reunión continental, Juan Manuel Santos expresó: “Es necesaria una discusión, un análisis, sobre este tema, que, sin prejuicios y sin dogmas, contemple los diferentes escenarios y las posibles alternativas para afrontar este desafío con mayor efectividad”.

Muchas muertes, mucho dinero, pocos resultados

La guerra que empezara en la década de los setentas de la mano del presidente estadounidense Richard Nixon ha perdurado hasta nuestros días con diferentes matices. Lo que en los primeros años se veía como una preocupación hacia la salud pública emergente hoy se ha transformado en un mercado internacional que genera millonarios beneficios y que ha conseguido permear en las estructuras democráticas de gran cantidad de países en el globo. El caso paradigmático de México ejemplifica el resto: una guerra abierta contra las mafias que empezó hace seis años, apoyo logístico y material por más de mil 600 millones de dólares por parte de EEUU y más de 60 mil muertos. La Iniciativa Mérida, como se conoce al plan de colaboración en materia de defensa y seguridad entre EEUU y México, se plantea como referente para las nuevas políticas de colaboración entre EEUU y otros países de la región. La Iniciativa de Seguridad Regional es el nuevo plan inaugurado por EEUU para la los países de la zona, y a los que el gobierno estadounidense ya ha donado más de 300 millones de dólares en equipamiento de vigilancia, formación y material bélico. En la última reunión del Sistema de la Integración Centroamericana meses antes de la Cumbre el vicepresidente estadounidense Joseph Biden se comprometió a otorgar 107 millones de dólares adicionales a los países centroamericanos para la lucha contra el narco, en una clara declaración de intenciones de lo que serían sus políticas futuras.

Los principales detractores

“Reconocemos que es apropiado examinar lo que funciona mejor, pero también reconocemos que las redes criminales transnacionales no desaparecerían si se legalizaran las drogas”. Esta afirmación, días después del anuncio del presidente de Guatemala, fue realizada por Gil Kerlikowske, el principal responsable de la lucha contra el narcotráfico del gobierno de Obama. Según Kerlikowske las organizaciones criminales “no derivan todos sus ingresos de las drogas y no se desmantelarían si las drogas fueran legalizadas”, porque son “negocios diversificados, que obtienen ganancias de la trata de personas, el secuestro, la extorsión, el robo de propiedad intelectual y otros delitos”. La nueva era de “respeto e igualdad recíprocos” anunciada por Barack Obama en la Cumbre celebrada en Trinidad Tobago tres años antes no termino de cuajar y son muchos los que no encuentran diferencias en su política frente a Latinoamérica con la política de su predecesor, el republicano George W. Bush. El primer presidente afroamericano estadounidense respondió de esta manera ante el cuestionamiento de la posible regulación de la droga a su llegada a Cartagena de Indias: “Mi postura y la de mi administración, es que la legalización no es la respuesta”.

Las conclusiones de la Cumbre

Con esta polaridad en las posturas se celebró la VI Cumbre de las Américas, que al igual que la V Cumbre celebrada en Trinidad Tobago, terminó sin una declaración final. Como anunció el presidente anfitrión, Juan Manuel Santos: “porque no hubo consenso para redactarla”. Para no restarle importancia el mandatario colombiano calificó la reunión como “la cumbre del diálogo y la sinceridad”, aunque otros asistentes como el representante venezolano Roy Chaderton lo explicaron de otra manera: “Esto es una rebelión de las democracias latinoamericanas contra la hegemonía de Estados Unidos y Canadá”. Santos anunció también con respecto al tema de replantear la estrategia frente a las drogas que habían dado potestad a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que ésta buscara nuevas alternativas y enfoques para combatir el narcotráfico. Un gesto simbólico de “echarle la pelotita a otro”. Barack Obama, que además de presidente de EEUU es reciente premio Nobel de la Paz, por su parte no fue tan ambiguo dando a entender que EEUU toleraría que América Latina flexibilizara las políticas de penalización de drogas, pero que su gobierno incrementaría la represión armada contra el narcotráfico a nivel regional con los países que le fueran afines, como en el caso de México y Centroamérica.

 

Las acciones pesan más que las palabras

“Sé que hay frustración y que algunos piden la legalización. Por la seguridad y la salud de nuestros ciudadanos – de todos nuestros ciudadanos – Estados Unidos no irá en esa dirección”. Con estas declaraciones concluyó Obama su visita a la VI Cumbre de las Américas, y añadió que ampliarán con “más de 130 millones de dólares este año” la asistencia a la guerra contra las drogas “de nuestros amigos centroamericanos”. El principal beneficiario: el ex general Otto Pérez Molina, presidente de Guatemala y principal impulsor de abrir un debate en cuanto a la despenalización de las drogas. Los escépticos que sólo creyeron que Pérez utilizaba ese discurso para presionar al congreso de EEUU tuvieron razón y para dejarlo aún más claro, una semana después de la Cumbre, el nuevo presidente de Guatemala daba esta primicia: Los kaibiles, las tropas de élite guatemaltecas, volvería a salir de los cuarteles para encargarse de la seguridad y la lucha contra el narco en la frontera mexicana. Rony Urizar, portavoz del ejército guatemalteco aclara aún más la situación: “El presidente no pretende que esa medida se convierta en una batalla similar a lo que ocurre en México, sino que se trata de buscar alternativas más eficaces, como planteó en la Cumbre de las Américas”, y en relación a si existe un apoyo desde EEUU a esta política Irizar confirma: “Contamos con ese apoyo. Tenemos helicópteros de la DEA (Agencia antidroga estadounidense) con tripulaciones guatemaltecas que luchan contra el narcotráfico, así como lanchas que vigilan el mar, otra de las rutas usuales de paso de la droga”. Curiosa “nueva estrategia” del ex general y nuevo presidente de Guatemala.

Los Kaibiles

En honor a uno de los príncipes mayas que lucharon contra los conquistadores españoles tienen su nombre y son las fuerzas de élite del ejército guatemalteco. Nacieron en plena guerra civil guatemalteca para seguir la máxima de su comandante en jefe, Efraín Ríos Montt : “si la guerrilla está como pez en el agua con el pueblo, dejaremos al pez sin agua”. Responsables directos de las masacres perpetradas contra la población campesina e indígena durante los años de la guerra sucia. Su centro de entrenamiento se llama “El Infierno” debido a sus 38 grados de temperatura y la intensa humedad, donde acuden desde su formación militares de otros países, entre los que figura España, para formarse como verdaderas “máquinas de guerra”, como se conocen popularmente a los kaibiles. Su lema: “Si avanzo, sígueme; si me detengo, aprémiame; si retrocedo mátame”. Tras la guerra civil muchos de sus efectivos fueron desmovilizados y una parte importante entraron en la nómica de los grandes cárteles del narcotráfico.

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