Una nueva política sobre drogas mundial

(( RetPortajes ))

Publicado por Yerba. Septiembre / 2011

En los últimos años el narcotráfico ha incrementado de una manera alarmente su poder. La globalización económica implantada en las últimas décadas ha favorecido la expansión de las organizaciones del crimen organizado como la de ningún otro sector. La nuevas posibilidades de movimiento, tanto de infraestructura como de capitales, sumado a la ineficacia de las herramientas de control fiscal de los distintos países en este nuevo marco económico ha permitido que hoy día el poder y la capacidad de maniobra de muchas de estas organizaciones criminales pueda compararse a la de grandes empresas multinacionales. Frente a esta realidad son muchas las personalidades, organizaciones, incluso gobiernos, que empiezan a levantar la voz de alarma por la situación existente y por la que, de seguir así, podríamos llegar a tener. Denuncias que piden, de forma implícita algunas y explícitas la mayoría, un cambio en las políticas de drogas a nivel mundial. Cambiar el modelo de guerra contra las drogas focalizado principalmente en el consumidor y los pequeños distribuidores por un modelo que a la vez que socave el desmesurado poder de las mafias tenga como base primordial la salud, la dignidad, los derechos humanos y la soberanía de cada individuo sobre su propio cuerpo y mente.

Actualmente la industria vinculada al narcotráfico mueve más de 300 mil millones de dólares al año en todo el mundo, tiene la capacidad de mover su infraestructura industrial de un país a otro aprovechando la debilidad institucional de muchos de ellos, países centroamericanos y del África Occidental acaban convirtiéndose en bases de operaciones muy seguras para estos negocios. Una industria del crimen con posibilidad de adquirir gran cantidad de armamento, incluso pesado, como en el caso de México, y que puede llegar a estar mejor armada que los propios ejércitos que la enfrentan. Con una pasmosa facilidad para infiltrarse en las instituciones públicas, controlando alrededor del mundo a policías, políticos, militares y civiles que o trabajan directamente para los criminales o pagan su cuota religiosamente, siendo muchas veces su propia vida el coste. La oposición a esta realidad es una guerra basada en la persecución y criminalización de las drogas con más de 40 años en vigor y que no ha conseguido victorias determinante en ningún campo. En el mundo, el consumo de drogas no deja de aumentar, según los últimos estudios de las Naciones Unidas en la década comprendida entre 1998 y 2008 el consumo de opiáceos, incluída la heroína, a aumentado un 35% , el consumo de cocaína tuvo un aumento del 27%, llegando a sumar un total de consumidores de ambos tipos de drogas ,según el organismo internacional, de 34 millones de personas. El consumo de cannabis por su parte aumentó cerca del 10% situando la cifra total estimada de consumidores en 160 millones en todo el mundo. Ante unos datos tan rotundos es difícil imaginar que esta industria criminal abandone por decisión propia un negocio tan próspero y seguro como el que tienen entre las manos.

 

Consecuencias de una mala política de drogas

EEUU puso en marcha en la década de los setenta la guerra contra las drogas, y después de 40 años los avances no se muestran tan claros como las consecuencias de este conflicto. El cinematográfico ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, apuntó al final de su legislatura, a la vez que permitió la votación por referendum para la despenalización del cannabis, que en 1980 el porcentaje de jóvenes californianos que accedían a estudios superiores era del 10 por ciento mientras que el 3 por ciento iba a prisión; en 2010 más del 11 por ciento de los jóvenes de este estado Norteamericano acabaron en prisión frente al 7.5 por ciento que accedió a la educación superior. Unos datos que a nivel nacional se muestran más desoladores, ya que en los Estados Unidos el total de la población reclusa y con cargos pendientes con la justicia supera los 7 millones de personas, y de éstos las tres cuartas partes son enjuiciados por delitos no violentos, en su mayoría por delitos vinculados al consumo, cultivo y tráfico de drogas a pequeña escala. En un marco más amplio, desde el punto de vista geográfico, otra de las consecuencias que evidencian la ineficacia de la actual política mundial de drogas es la infiltración de las organizaciones del crimen organizado dentro de los gobiernos y las instituciones públicas. Como apunta uno de los últimos reportes del Consejo Europeo sobre la situación en Europa del Este: “Los signos de colusión entre criminales y altos cargos políticos y responsables institucionales son tan numerosos y tan serios que no pueden ser ignorados”.

 

Políticos y Narcotraficantes

Como una pequeña muestra que sirva para ejemplificar la gravedad de esta situación apuntada por el organismo de la Unión Europea hay diferentes y curiosos casos a nivel mundial que recientemente han salido a la luz pública: Hashim Thaci, cabecilla de la mafia albana responsable del tráfico de armas, drogas y órganos humanos en Europa del Este es también el Primer Ministro de Kosovo. En Guinea, el mayor narcotraficante del país resultó ser el hijo del presidente. En Sudáfrica, Jackie Selebi, ex Comisario de la Policía Nacional, fue sentenciado en 2010 a 15 años de prisión después de que fuera identificado como líder de uno de los principales sindicatos del crimen del país. Cuatro años antes, en 2006, Selebi asistió en Brasil a la 75ª Asamblea General de la INTERPOL, la organización internacional que busca y promueve la máxima asistencia mutua posible entre las diferentes policías del mundo, en la ceremonia inaugural su presidente afirmaba: “Hay que encontrar sistemas para hacer seguras nuestras fronteras y el control sobre ellas debe llevarse con puño de hierro”, declaraciones contundentes de un presidente de la INTERPOL que no podía ser otro que el propio Jackie Selebi. En Burma, país del sureste asiático, de entre los candidatos de las primeras elecciones después de 20 años de dictadura militar, seis eran conocidos narcotraficantes. En Afganistán son muchos altos cargos militares y políticos, incluído el propio hermano del presidente Karzai, los que han sido acusados de mantener relaciones con traficantes de drogas del país, criminales que han visto acrecentado su poder tras la guerra y posterior ocupación de los EEUU. En Colombia, el ex presidente Álvaro Uribe está inmerso en diferentes procesos judiciales por los que se lo acusa de ser responsable y participe del fenómeno colombiano que se viene a llamar “la narcoparapolítica”. No es otra cosa que la intromisión y la existencia dentro de los distintos organismos democráticos colombianos de líderes e integrantes de los escuadrones de la muerte financiados a través del narcotráfico. Un puñado de ejemplos que se repiten en demasiados países del globo y que explicarían su situación a través de unas declaraciones del ex jefe de inteligencia nacional de Bulgaria, Atanas Atanasov: “Otros países tienen mafia, en Bulgaria la mafia tiene al país”. Una afirmación que a este paso no tardará en ser extensible al mundo.

 

Una repuesta contundente

Ante esta situación tan grave y preocupante, diferentes organizaciones en todo el mundo han surgido para intentar hacer llegar a las cúpulas de poder una nueva visión para abordar la lucha contra las drogas y las mafias que se aprovechan de ellas, principalmente a través de un cambio de paradigma en las políticas de drogas. A nivel internacional destacan Reducción de Riesgos Internacional (Harm Reduction International) y El Instituto Transnacional (TNI, por sus siglas en inglés). Reducción de Riesgos nace con el objetivo de defender aquellas políticas, prácticas y programas que ayuden, principalmente, a reducir las consecuencias adversas a la salud, sociales y económicas por el uso de drogas psicoactivas legales e ilegales, sin que necesariamente se reduzca su consumo. Como ellos mismos explican: “Nuestro objetivo es un mundo donde las políticas, leyes y prácticas sobre drogas sean beneficiosas para los individuos y la comunidad, promoviendo la salud, la dignidad y los derechos humanos”. Una organización que viene con mucha fuerza y cada día cuenta con una mayor influencia en la sociedad. Por otro lado, en 1974 es fundado El Instituto Transnacional como una red internacional de académicos activistas con el objetivo de analizar de forma crítica los problemas mundiales. Desde hace unos años prestan especial atención al problema derivado de las políticas sobre drogas y tienen como objetivo crear una atmósfera de debate crítico que permita abordar el tema de las drogas ilegales de una manera pragmática y desde la base de la reducción de riesgos.

 

Iniciativas nacionales con gran significado

A nivel nacional en el principal país instigador de estas políticas prohibicionistas se forma La Alianza de Políticas de Drogas, (DPA, por sus siglas en inglés). Una coalición de organizaciones estadounidenses que promueven alternativas a la guerra contra las drogas basadas en la ciencia, la compasión, la salud y los derechos humanos. En su declaración de intenciones expresan: “Juntos promovemos políticas que reduzcan los riesgos por el uso y el cultivo de la droga, y buscamos soluciones promoviendo la salud sin olvidar la soberanía de cada individuo en su cuerpo y su mente”. Cuentan además con un amplio grupo de socios entre los que se encuentran destacadas personalidades como el cantante Sting y el magnate George Soros por nombrar algunos. En México, uno de los países más castigados por el desarrollo de las organizaciones del crimen organizado, con más de 40 mil muertos en los últimos cinco años, destaca el CUPIHD (Colectivo por una política integral hacia las drogas). Una organización de la sociedad civil mexicana dedicada a la investigación, la educación, la acción y la difusión orientadas a transformar la cultura y las políticas de drogas bajo un enfoque de reducción de riesgos multidisciplinar, integral, científico y de respeto a los derechos humanos. Con todavía poca relevancia e impacto en la sociedad mexicana el CUPIHD organizó en la Ciudad de México durante el mes de septiembre la Tercera Conferencia Latinoamericana y Primera Conferencia Mexicana sobre políticas de drogas con intención de empezar a generar un debate crítico sobre la lucha contra el narcotráfico ante el contexto que vive el país.

 

De Latinoamérica hacia el Mundo

La que fuera la Iniciativa Latinoamericana sobre Drogas y Democracia se ha convertido en los primeros meses de este año en la flamante Comisión Global de Políticas de Drogas. Una organización que como su antedecesora está formada por personalidades del mundo de la política, los negocios y el arte. Su propósito es llevar a nivel global una discusión científicamente fundada acerca de las maneras humanas y efectivas de reducir el daño causado por las drogas a las personas y a las sociedades. Con ese propósito publicaron un informe en junio de este año donde apuntaban una serie de recomendaciones con las que lograr este propósito en el contexto actual. Terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros. Alentar a los gobiernos a que experimenten con modelos exitosos de regulación legal de drogas a fin de socavar el poder del narccotráfico, salvaguardando siempre la salud y la seguridad de los ciudadanos, una recomendación que se aplica especialmente al cannabis. Uno de los puntos más significativos es el que pretende aplicar los mismos principios y políticas con aquellas personas involucradas en los segmentos inferiores de los mercados ilegales de drogas (campesinos, correos, pequeños vendedores, etc). Mantener las acciones represivas contra las organizaciones criminales violentas pero mostrando un especial cuidado en la reducción de los daños a individuos, comunidades y a la seguridad nacional. Invetir en actividades de prevención. Reemplazar las políticas existentes sobre drogas por otras políticas económicamente responsables y estrategias basadas en la ciencia, la salud, la seguridad y los derechos humanos. Revisar y modificar la clasificación de las Naciones Unidas de los distintos tipos de drogas en función de sus riesgos. Donde el cannabis y el LSD están catalogadas como muy peligrosas, junto a la heroína y la cocaína, mientras recientes estudios independientes apuntan que tanto el cannabis como el LSD tienen impactos sobre la salud mucho menores que drogas legales como el tabaco y el alcohol. Como último punto, romper el tabú acerca del debate y la reforma.

 

Un abanico de personalidades

Al fundador de la Iniciativa Latinoamericana sobre Drogas y Democracia y ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso y sus socios en la organización continental como Ernesto Zedillo, ex presidente de México, César Gaviria, ex presidente de Colombia, Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2010 por mencionar algunos, se le unen en la Comisión Global de Políticas de Drogas otras figuras internacionales de gran calado. Algunas de estas nuevas incorporaciones son: Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal de los EEUU, Kofi Annan, ex secretario general de las Naciones Unidas y Richard Branson, fundador del grupo Virgin y activista social reconocido. Todos ellos junto con otras personalidades mundialmente reconocidas se reunen en este grupo “independiente” para promover este nuevo planteamiento hacia las políticas de drogas que a grandes rasgos se resume en lo ya mencionado. Richard Branson también es fundador del grupo llamado The Elders (Los Mayores): 12 líderes globales, defensores de la paz y de los derechos humanos . Una organización internacional que pretende “utilizar su independencia política para ayudar a resolver algunos de los conflictos más difíciles del mundo”. Entre los 12 líderes globales encontramos también a Fernando Henrique Cardoso y a Kofi Annan. Otra organización muy cercana a éstas dos anteriores, pero que no tiene un posicionamiento frente a los políticas de drogas es el Club Madrid: Hacia una democracia efectiva. Una organización compuesta por ex presidentes, ex jefes de estado y ex primeros ministros de diferentes países del mundo que se reunen para debatir y asesorar a gobiernos y otros organismos políticos sobre democracia, cohesión social, gobernanza global y liderazgo. En este caso no se habla de independencia porque la totalidad de sus representantes, durante sus etapas como gobernantes, fueron destacado impulsores a nivel global de políticas de corte neoliberal que posibilitaron la fragilidad en los mercados financieros que nos ha llevado a la situación de crisis actual. Lo destacable de esto es que al Club Madrid pertenecen seis de los siete ex presidentes que conforman Los Mayores y la totalidad de los ex mandatarios que integran la Comisión Global de Políticas de Drogas. Club fundado en Madrid y que cuenta como una de sus impulsoras y socia honorífica, a pesar de no ser ex jefa de estado, a la presidenta de la Comunidad de Madrid: Esperanza Aguirre. Una independencia puesta en duda que obliga a prestar más atención a la letra pequeña en los posicionamientos de esta comisión bienintencionada.

 

Acabar una guerra para empezar otra

En la página final del informe publicado en junio de este año por la Comisión Global de Políticas de Drogas, en un epígrafe con información de referencia, se encuentra un artículo titulado: El comercio de la droga: la politización de los criminales y la criminalización de los políticos. Un texto de Moisés Naim que denuncia la infiltración del crimen organizado dentro de gobiernos y de instituciones públicas en determinados países que el autor situa geográficamente: “La mayoría de las más grandes transnacionales del crimen están situadas en Rusia, China, Europa del Este y Latino América”. Dentro del marco de la Comisión Global, el texto aboga por despenalizar el uso de la droga dejando muy claro el nuevo objetivo: “La lucha contra el tráfico de drogas ya no es una lucha contra las drogas, es una lucha contra gobiernos, parar la proliferación de los gobiernos criminales y no el consumo de droga es la prioridad de nuestros esfuerzos”. Entre estos “gobiernos criminales” encontramos principalmente a aquellos gobiernos que disienten del sistema económico y social que los ex mandatarios que pertenecen al Club Madrid promueven y promovieron siendo jefes de estado. Países como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Rusia, China son señalados como “estados-mafia”, mientras gobiernos con una porosidad mucho más evidente al crimen organizado como México, Afganistán, Colombia o los propios EEUU no son siquiera mencionados. Para el autor la conclusión se concentra en dos afirmaciones: “Ésta es una guerra desigual en la que los gobiernos honestos están en una posición débil en la batalla”, y la siguiente y más preocupante: “Lo que realmente ayudaría sería controlar la proliferación de las estados de la mafia y neutralizar aquellos que ya existan”. El fin de una guerra para justificar el comienzo de muchas otras. El debate sobre nuevas políticas de drogas ya está sobre la mesa, ahora toca decidir que tipo de regularización se quiere y que costes para el resto del mundo conlleva.

 

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