La posibilidad de un nuevo referente: Uruguay

(( RetPortajes ))
Junio / 2011
 publicado por Yerba
Desde finales de año en el Parlamento de la República Oriental del Uruguay se escucha un interesante y animado debate: la despenalización del cultivo del cannabis. El segundo país más pequeño en cuanto a territorio de toda América del sur se prepara para dar uno de los pasos más grandes de todo el mundo en cuanto a libertades personales. Tras un año pasado con intentos fallidos en el continente de legalización, la llamada “Suiza de América” abandera un nuevo intento de legalización en el continente y uno de los pasos principales para erradicar el crecimiento de las mafias del narcotráfico dentro del mismo. En el mes de mayo de 2011 comenzaron los debates dentro de la cámara del poder legislativo con intención de que las distintas mociones prosperaran y llevaran a Uruguay a añadir una nueva conquista social entre las muchas que ya ostenta. Fue uno de los primeros países en instaurar el sufragio femenino y la segunda nación del mundo en establecer por ley un sistema educativo gratuito, obligatorio y laico.
 

 

Actualmente la ley no castiga el consumo pero sí la venta y la producción de la marihuana, una contradicción legal que afecta, según un informe de la Junta nacional de drogas del año 2007, a los 200 mil uruguayos que afirman haber experimentado con el cannabis, el 12 por ciento de la población total del país. A principios de este año más de 350 personas estaban encarceladas por haber sido sorprendidas en posesión de cualquier cantidad de marihuana, y en la inmensa mayoría de los casos no se consiguió demostrar el interés comercial de esta posesión. Una realidad injusta que no ha pasado desapercibida para diferentes parlamentarios de distintos partidos políticos, tanto los tradicionales de derecha como el partido Nacional (PN) y Colorado (PC) como el centrista partido Independiente (PI). Desde la llegada al poder del equipo de gobierno actual, perteneciente a la coalición de izquierda Frente Amplio (FA), la postura del ejecutivo ha sido integrar y debatir todas las propuestas presentadas. Esta iniciativa, que empezó a debatirse en mayo del presente año, no fue una excepción.
La responsabilidad política y el debate
A finales de 2010 el diputado del partido Nacional Luis Lacalle Pou presentó un proyecto de ley en el Parlamento que despenalizaba el cultivo y la cosecha de la marihuana destinada a consumo personal. “En Uruguay la ley de estupefacientes es totalmente contradictoria”, afirmó el diputado tras presentar la iniciativa. “Mi generación convivió y convive con las drogas, a diferencia de la de nuestros padres o abuelos, no es un tema tabú, no lo tomamos con tanta hipocresía”. “Está comprobado en nuestro país y mundialmente que cuando ingresa más marihuana baja el consumo de cocaína y pasta base”, drogas que según el diputado generan fuerte dependencia y conductas agresivas a diferencia de la marihuana. Junto a él otros dos diputados del Frente Amplio, Nicolás Núñez y Sebastián Sabini, presentaron otros dos proyectos que incluían algunas modificaciones al primero. Fernando Amado, del derechista partido Colorado, se unió a la iniciativa declarando: “Estoy para empujar. Siempre tuve una posición tomada en este tema, y creo que los demás diputados que promueven sus proyectos, están con un espíritu parecido. Ya es hora de solucionar este tema”. Al final, una coalición de diputados representando a los principales partidos con presencia en el Parlamento uruguayo se reunieron para redactar de forma conjunta la iniciativa para despenalizar la marihuana. Un ejemplo democrático que sirve como muestra para justificar por qué en un ranking publicado recientemente por The Economist Uruguay es el único país plenamente democrático de América del sur y está entre los 28 primeros a nivel mundial.

Reformas para acabar con las contradicciones
“Creo como valor primario la libertad, y la libertad individual de hacer lo que mejor parezca, siempre que no se traspase el límite y afecte a los demás”. Así defendió Fernando Amado, diputado del partido Colorado y corredactor de la iniciativa la presentación de la misma. “Es un tema de sentido común. La legislación actual no penaliza el consumo de droga, pero por otra parte penaliza la venta y la producción de la misma. Es un contrasentido. ¿Cómo obtienen la droga los consumidores? O la producen o caen en las redes del narcotráfico”. En base a esta contradicción giró la propuesta de proyecto presentada. El texto que fue enviado finalmente para el debate entre los legisladores permitía la plantación de marihuana para consumo personal “de acuerdo a reglas de sana crítica”. Entendiendo que es para consumo personal la plantación, el cultivo y la cosecha en el hogar de hasta ocho plantas de cannabis. El texto también recogía la posibilidad del cultivo de marihuana en la investigación científica y en la elaboración de productos terapéuticos aunque ambos casos deberían contar con la autorización del Ministerio de Salud Pública. En cuanto a la cantidad destinada al uso personal no podría exceder de los 25 gramos de marihuana. Todo ello con intención de darla a la sociedad civil uruguaya la seguridad jurídica necesaria para saber hasta que punto la tenencia de cannabis es consumo personal o tráfico de estupefacientes. La conclusión reflejada en el texto planteaba que el objetivo era permitir al consumidor plantar su propia marihuana, cosecharla para su consumo sabiendo la calidad de la misma y sin recurrir a redes de narcotráfico controladas por las mafias.

¿Sociedad vs Iglesia?

Por otro lado, en los últimos meses han tenido lugar posicionamientos de muy diversos grupos sobre el tema. Tras la salida de la misa del Viernes Santo en la capital del país el mismísimo arzobispo de Montevideo y portavoz de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Nicolás Cotugno, manifestó que no se opondría a un proyecto de ley para despenalizar el cultivo de la yerba en el país si fuese un medio para ayudar a vencer la drogadicción. “Yo no soy un experto en estas cosas, pero si fuese realmente un medio para ayudar a vencer la drogadicción, bienvenido sea”. Mucho más previsible fueron las declaraciones de los organizadores de la Marcha Mundial de la Marihuana a principios del mes de mayo: “legalizar el autocultivo de la marihuana en el Uruguay es una necesidad social y ética”. La marcha que reunió a miles de personas terminó en el céntrico Parque Rodó, frente a la Casa de Andalucía. “Despenalizar el cultivo de marihuana para autoconsumo, es el objetivo de nuestros esfuerzos en la coyuntura actual y en ese sentido es que apoyamos el proyecto de ley”. Junto a esto los asistentes a la marcha exigieron la libertad sin cargos de los más de 350 consumidores presos en cárceles uruguayas, entre ellos, la activista y escritora argentina Alicia Castilla de 66 años.

El ejemplo y la injusticia: la “Señora Cannabis”
Las contradicciones legales existentes en Uruguay, como en tantos otros países del mundo, han implicado una serie de escandalosas injusticias, la más significativa la de la llamada “Señora Cannabis”, la escritora y psicoanalista argentina Alicia Castilla. Desde su detención en los primeros meses de este año son muchas las protestas por su liberación que se han llevado en Uruguay frente a la Suprema Corte de Justicia y es una de las principales razones por la que el debate por la legalización del cultivo se ha acelerado dentro del Parlamento. El Movimiento por la liberación del cannabis convocó distintas movilizaciones con el lema: “No más presos por plantar”, consiguiendo con su presión la liberación, 94 días después de su arresto, de la “Señora Cannabis”. Alicia Castilla declaró a los medios días después de su liberación: “Emoción, sentí emoción. Y ahora que estoy libre pienso que, tal vez, mi encarcelación fue un mal que por bien no venga. Yo estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado, pero no estaba cometiendo un delito. Sin embargo mi caso posibilitó que la sociedad uruguaya se siente a discutir un tema injusto. Creo que es una injusticia que una persona vaya presa por plantar lo que consume”. En los 90 días recluida, la autora de los libros Cultura Cannabis y Cultivo Cannabis ha pasado por dos centros penitenciarios donde pudo sacar sus propias conclusiones: “Lo viví. Estuve con gente que consume, vende y negocia con la pasta base. Y vale la pena explicar que metiéndolos en la cárcel no se resuelve nada. Salen mucho peor porque adentro aprendieron más”. Aunque su salida es en régimen de libertad condicional y queda en espera de la sentencia, los abogados defensores afirman que ésta se demorará hasta después del debate político. La escritora empezó su tercer libro dentro de la cárcel, un nueva publicación donde contará su experiencia personal y plasmará el fracaso de la guerra contra las drogas que se lleva a cabo en gran parte del continente.
El compromiso político y la cultura democrática
Desde la llegada al gobierno del actual ejecutivo nombrado por el izquierdista Frente Amplio y encabezado por el ex guerrillero tupamaro José “Pepe” Mújica, se está llevando a cabo una intensa reforma institucional del Uruguay. Con objetivo de modernizar la legislación y el país se están abordando temas complejos y controvertidos como han sido la derogación de los 3 principales artículos la Ley de Caducidad que permite la impunidad a los crímenes cometidos por los cuerpos militares y policíacos durante la dictadura, la legalización del derecho a aborto, el reconocimiento jurídico de los matrimonios homosexuales y transexuales y la legalización del auto cultivo de cannabis. El profundo sentimiento democrático existente en el país y que permea en sus instituciones legislativas han permitido un debate serio y responsable desde todos los partidos representados en la cámara de diputados. Desde su elección como presidente, José Mújica, ha mostrado un compromiso claro de caminar junto con todos los uruguayos, incluso con los partidos de la oposición, para volver a convertir al Uruguay en un nuevo referente democrático para el mundo. Un gesto que cambió la política de confrontación entre la izquierda y la derecha existente desde la dictadura militar de la década de los setentas. Un esfuerzo, ejemplo de compromiso político, que lleve al Uruguay a abanderar un nueva etapa para las libertades individuales y colectivas para el siglo XXI repitiendo un papel que asumió en el siglo XX siendo de los primeros países del mundo en legalizar el divorcio, el sufragio femenino y la creación de un sistema educativo gratuito, obligatorio y laico.

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