Aroma y Recuerdo

(( RetArte))  Cuentos

No dejo de sorprenderme de lo que provoca en mí el olor del jazmín.

Esté donde esté, siento que mi mente escapa del cuerpo y sale despedida hacia el pasado. Olor a jazmín. Pasear junto al Darro al atardecer, con el anaranjado espejo en el que se convierte la Alambra a un costado, con la fría pared encalada de las casas del albaicin al otro. Con la cuesta empedrada que acompaña el suave discurrir del agua que viene de las cumbres de Sierra Nevada, con el aroma de tu pelo, con tu cintura ceñida por mi brazo, con tu calidez contrastando con todo el entorno…
 
Calidez… creo que es mi cuerpo el que habla ahora, y me recuerda que otra calidez muy distinta a esa que soñaba escapa por mi costado dejando en el ambiente un olor acerado, tan distinto al del jazmín… o al de la dama de noche.
Que curiosa esta planta de espectaculares flores, que durante el día, celosa, retiene su esencia hasta que cae la noche. Es en la caída del sol donde una intensa oleada inunda con su delicioso aroma la oscuridad prominente. La dama de noche no se puede separar de un patio de Sierra Morena, de un emparrado con las primeras muestras de la cosecha que se avecina, del sordo rumor de un pozo encalado, del suave crujir de una silla de mimbre, de la caída del sol hacia los mares de tejas… así empieza su campaña la dama de noche. Y así, poco a poco se van llenando esos aires que en el día fueron del laurel, el limón y la hierbabuena. Poco a poco mientras cae la noche de invierno. Poco a poco mientras tu voz temblorosa me recuerda que también llegó el frío.
Frío… el que me inunda ahora mismo todo el cuerpo, un frío absoluto, sin grados, irracional. ¿Cómo va a hacer este frío en la selva? Aún recuerdo cuando me trajeron aquí, aún su cara desencajada, su cara sádica y grotesca mirando sin mirar.
Y este frío irracional pero real. ¿Cómo no va a ser real si tiemblo de esta manera?
Siento mis huesos entumecidos, siento que se me escapa el aliento, me siento morir.
Morir… ahogado en tu olor. Morir tantas veces en tus brazos, en tu pelo, en tus labios. Morir de pasión, de nostalgia, de amor. En noches que son días y que llegan a semanas y meses. En noches donde la muerte llega tras un derroche de besos, de abrazos, de ansias. En noches donde el eterno descanso sobre tu cuerpo se antoja fugaz envuelto en la dama de noche. Y tantas veces muerto y tantas resucitado, y tan diferente esa muerte de la que ahora me acecha.
Que fueran tus besos sus botas, tus manos sus puños, sus risas tu gemido. Que fuera esta silla tu cama, las punzadas caricias, las descargas pasión. ¿Dónde se esconde el jazmín en esta calidez? ¿Dónde la dama de noche en el frío? ¿Dónde meto este dolor que me llena seis cuerpos?
Cuerpos… Aquellos que delante de mi me dieron la felicidad más pura que nunca he conocido. El tuyo, exhausto, crispado, empapado en sudor. El suyo, tierno, torpe, empapado en tu sangre. Luego, vuestro primer abrazo al que no pude unirme hasta pasados unos segundos sublimes, donde vuestros rostros quedaron grabados en mi mente, para llevarlos conmigo como amuleto contra la melancolía, como refugio en tempestades. Aquellos rostros que añoro junto al aroma del jazmín, que me dieron fuerza y razones, que alentaron la causa, aquella que me llevó lejos.
Lejos… lejos está ya mi cuerpo. Tendido en un mar propio derramado por el piso, siento alejarse mi latir. Como si fuera adentrándose en un largo túnel, va apagando su sonido hasta quedar tan sólo como un rumor. Rumor que se confunde entre los insultos, las risas, los golpes… Me sobraban los segundos de suplicio, de profesional tortura legalizada, de interrogatorios estériles. Me sobraban tantos segundos como siglos me faltaron con vosotras. Siglos de aromas, entre jazmines y damas de noche.
Guatemala, 36 años de guerra, más de 60 mil muertes, principalmente civiles desarmados y principalmente a manos de un ejército y de unas fuerzas paramilitares con carta blanca para hacer y deshacer (cuerpos y vidas). No son pocos los andaluces que a través de la solidaridad y su propia vida han participado activamente en esta lucha. El documental hecho para Canal Sur, Guerrilleros, nos muestra un fragmento de esta etapa.

Hoy, uno de los militares responsables de la política de “tierra arrasada” acaba de convertirse en Presidente electo de Guatemala. Hay pesadillas de las que es muy difícil despertar.

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